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sábado, 9 de abril de 2011

Amante desencadenada, Capitulo 2

Capítulo 2



CALDWELL, NUEVA YORK, CENTRO DE FORMACIÓN, COMPLEJO DE LA HERMANDAD

Puto... Bic... pedazo de mierda...

Vishous estaba de pie en el pasillo, fuera de la clínica de la Hermandad, con un cigarro liado a mano entre los labios y un pulgar que estaba llevando a cabo un entrenamiento jodidamente magnífico. Sin embargo, la llama no iba a hablar, no importaba cuántas veces masturbara la pequeña rueda del mechero.

Chic. Chic. Chic…

Con absoluto hastío, lanzó el PDM
[1] a la basura y se dirigió hacia el guante blindado con plomo que cubría su mano. Arrancándose el cuero, miró fijamente la brillante palma, flexionando los dedos y doblándola por la muñeca.

Era parte lanzallamas, parte bomba nuclear, capaz de fundir cualquier metal, convertir la piedra en cristal y volver kebab cualquier avión, tren o automóvil que él quisiera. También era la razón por la que podía hacerle el amor a su shellan  y uno de los dos legados que su divina madre le había dado.

Y no veas, la mierda de la segunda-vista era casi tan divertida como la rutina de la mano de la muerte.

Acercando el arma mortal hasta su rostro, puso el extremo del cigarro por los alrededores, no demasiado cerca o inmolaría su sistema de distribución de nicotina y tendría que volver a pasar por el tostón de liar otro. Los cual era algo para lo que no tenía paciencia en un buen día y desde luego no en un momento como este...

Ah, amada inhalación.

Apoyándose contra la pared, plantó sus shitkickers  en el suelo de linóleo y fumó. El cigarro liado no hizo mucho por su caso crónico de pensamientos fatalistas, pero le dio algo que hacer que era mejor que la opción que le había estado rondando por la cabeza durante las últimas dos horas. Mientras se ponía el guante de nuevo, quiso tomar su “don” e ir a prenderle fuego a algo, a cualquier cosa...

¿Estaba su hermana gemela realmente al otro lado de esta pared? ¿Tumbada en una cama de hospital… paralizada?

Jesucristo... tener trescientos años y averiguar que tienes un hermano.

Buena jugada, mami. Jodidamente buena.

Y pensar que había asumido que ya había tratado todos los asuntos necesarios con sus padres. Pero bueno, solo uno de ellos estaba muerto. Si la Virgen Escriba simplemente tomara el mismo camino que el Sanguinario y la palmara, quizá conseguiría nivelarse un poco.

Tal y como las cosas estaban ahora, su última exclusiva de la Página Seis
[2], junto con el hecho de que Jane estaba de caza en el mundo humano sola, lo estaba volviendo...

Seh, mejor no hablar de eso.

Sacó su teléfono móvil. Lo comprobó. Lo puso de vuelta en el bolsillo de sus pantalones de cuero.

Maldición, esto era tan típico. Jane se concentraba en algo y eso era todo. Nada más importaba.

No era como si él no fuera exactamente igual, pero en momentos como este, apreciaría algunas noticias.

Puto sol, atrapándolo dentro de la casa. Al menos si estuviera con su shellan, no habría ninguna posibilidad de que "el gran" Manuel Manello se pusiera todo oh-no-lo-creo con el asunto. V simplemente noquearía al bastardo, echaría su cuerpo dentro del Escalade  y conduciría esas talentosas manos hasta aquí para que operaran a Payne.

En su mente, el libre albedrío era un privilegio, no un derecho.

Cuando se terminó el cigarro, lo apagó en la suela de su shitkicker  y echó la colilla al basurero. Realmente deseaba una bebida... que no fuera soda o agua. Media botella de Grey Goose  apenas limaría su aspereza, pero con algo de suerte estaría ayudando en la sala de operaciones dentro de poco, así que necesitaba permanecer sobrio.

Entrando a la sala de examen, sus hombres se tensaron, sus molares se apretaron y, por un momento, no supo cuánto más podría aguantar. Si había algo garantizado que dejaría en carne viva, era su madre marcándose otra, y ya sería difícil que se viniera con algo peor que esta mentira de mentiras.

El problema era que la vida no venía con una “lanzada de emergencia” por defecto para parar la diversión cuando tu máquina de pinball  se ponía chunga.

—¿Vishous?

Cerró los ojos brevemente ante el sonido de esa suave y baja voz.

—Sí, Payne —acabó la frase cambiando a la Antigua Lengua—. Soy yo.

Cruzando el centro de la habitación, retomó su lugar en el taburete al lado de un carrito. Estirada bajo algunas mantas, Payne estaba inmovilizada con la cabeza entre bloques y un collarín que iba desde su barbilla hasta sus clavículas. Una vía intravenosa estaba conectada a su brazo, colgando desde un poste de acero inoxidable y había algunos tubos enchufados al catéter que Ehlena le había puesto.

Aunque la sala alicatada era brillante y limpia, y el material médico era igual de amenazador que las tazas y platillos en una cocina, se sentía como si ambos estuvieron en una oscura caverna rodeados de grizzlies.

Sería mucho mejor si pudiera ir y matar al hijoputa que había puesto a su hermana en esta condición. El problema era que... eso significaría que tendría que cargarse a Wrath, y que corta rollo, macho. Ese gran bastardo no solo era el rey, era un hermano... y estaba el pequeño detalle de que lo que la había dejado como estaba había sido consensuado.

La sesiones de lucha que los dos habían estado teniendo los últimos meses los habían mantenido en forma... y desde luego, Wrath no había tenido ni idea de con quien había estado luchando porque el macho estaba ciego ¿Sabía que era una hembra? Duh, claro. Había sido en el Otro Lado y nunca había machos por allí. Pero la falta de visión del rey había supuesto que le fuera imposible darse cuenta de aquello que V y todos los demás habían estado mirando fijamente cada vez que entraban en la habitación: la larga trenza de Payne era del color exacto del cabello de V, su piel tenía el mismo tono, estaba hecha tal y como él, alta, delgada y fuerte. Pero los ojos... mierda, los ojos.

V se frotó el rostro. Su padre, el Sanguinario, había tenido incontables hijos bastardos antes de que los mataran en una escaramuza contra unos restrictores allá en el Antiguo País. Pero V no tenía en cuenta ninguna de esas relaciones con hembras aleatorias.

Payne era diferente. Los dos tenían la misma madre y no era cualquier mahmen querida. Era la Virgen Escriba. La madre primigenia de la raza.

Pedazo de puta que era.

La mirada de Payne se trasladó a él y V se tensó. Los iris que se encontraron con los suyos eran blancos como el hielo, igual que los suyos, y los bordes azul marino a su alrededor eran algo que él veía cada noche en el espejo. Y la inteligencia... el genio en esas profundidades árticas era exactamente lo mismo que se cocía en su coco.

No puedo sentir nada. —dijo Payne.

—Lo sé. —sacudiendo la cabeza, repitió—. Lo sé.

Su boca se crispó como si, en otras circunstancias, hubiera sonreído.

—Puedes hablar en la lengua que desees. —dijo con un inglés fuertemente acentuado—. Hablo fluidamente...varias.

Como él. Lo que suponía que era incapaz de formar una respuesta en dieciséis idiomas diferentes.

Hurra por él.

— ¿Has oído algo...de tu shellan? —dijo insegura.

—No ¿Necesitas más medicación para el dolor?

Ella sonaba más débil que cuando él se había ido.

—No, gracias. Me hacen sentir... rara.

Esto fue seguido por un largo silencio.

Que tan solo se hizo más largo.

Y más largo.

Cristo, a lo mejor debería cogerle la mano... después de todo podía sentir de cintura para arriba. Seh, pero ¿Qué tenía él para ofrecer en las palmas? La izquierda estaba temblando y la derecha era un arma mortal.

—Vishous, el tiempo no está...

Dado que su gemela dejó la frase en el aire, él la terminó en su mente, de nuestra parte.

Tío, deseaba que ella no tuviera razón. Sin embargo, cuando se trataba de lesiones espinales, al igual que con los derrames cerebrales o los ataques al corazón, las oportunidades se perdían con cada minute que el paciente pasaba sin ser tratado.

Mas le valía al humano ser tan brillante como Jane decía.

—¿Vishous?

—¿Sí?

—¿Desearías que no me hubiera presentado en este lugar?

Él frunció el ceño con fuerza.

— ¿De qué demonios estás hablando? Por supuesto que te quiero conmigo.

Mientras daba golpecitos con el pie, se preguntaba cuánto más iba a tener que quedarse ates de poder salir a fumar otro cigarrillo. Simplemente no podía respirar sentado en este sitio, incapaz de hacer nada mientras su hermana sufría y su cerebro se colapsaba con preguntas. Tenía miles de qués  y por qués  rodándole la cabeza, pero no conseguía preguntarlos.  Payne se veía como si fuera a deslizarse en un coma en cualquier momento, así que no era momento para un kaffeeklatsch[3]

Mierda. Puede que los vampiros cicatrizaran a la velocidad del rayo, pero no eran ni de cerca inmortales.

Bien podría perder a su gemela antes de llegar a conocerla.

Teniendo eso en cuenta, echó un vistazo a sus vitales en el monitor. La presión sanguínea de la raza ya era baja de por sí, pero la de ella estaba por los suelos. El pulso era lento e irregular. Y habían tenido que silenciar el sensor de oxígeno porque la alarma había estado disparándose continuamente.

Mientras los ojos de ella se cerraban, la miró preocupado, preguntándose si sería por última vez y, en ese caso, ¿qué había hecho él por ella? Nada más que gritarle cuando le había hecho una pregunta.

Se inclinó algo más cerca, sintiéndose como un schmuck.
[4]

—Tienes que aguantar, Payne. Voy a conseguir lo que necesitas, pero tienes que aguantar.

Los párpados de su gemela se alzaron y lo miró desde donde su cabeza estaba inmovilizada.

—He traído demasiados problemas a tu puerta.

—No te preocupes por mí.

—Eso es lo único que he hecho toda mi vida.

V volvió a fruncir el ceño. Claramente, todo este rollo hermano/hermana era novedad solo por su parte y la verdad es que se preguntaba cómo demonios había averiguado ella que él existía.

Y qué sabía.

Mierda, esta era otra ocasión en la que deseaba haber sido vainilla.

—Estás tan seguro del sanador que buscas. —farfulló ella.

Bueno, no realmente. Lo único de lo que estaba seguro era de que si el bastardo la mataba, iba a haber una un doble funeral esta noche... asumiendo que quedara algo del humano para enterrar o quemar.

—¿Vishous?

—Mi shellan confía en él.

Los ojos de Payne se deslizaron hacia arriba y quedaron fijos allí ¿Estaba mirando el techo? ¿La lámpara de examen que colgaba sobre ella? ¿Algo que él no podía ver?

Finalmente, ella dijo:

—Pregúntame cuántos años he estado al servicio de nuestra madre.

—¿Estás segura de tener la fuerza para esto?

Cuando prácticamente lo taladró con la mirada, le dieron ganas de sonreír.

—¿Durante cuánto?

—¿En qué año estamos en la Tierra? —cuando se le dijo, sus ojos se agrandaron—. Desde luego. Bueno, ha sido durante cientos de años. Estuve apresada por mahmen durante... cientos de años de mi vida.

Vishous sintió cómo sus colmillos hormigueaban de la rabia. Esa madre que tenían... debería haber sabido que la poca paz que había conseguido con la hembra no iba a durar.

—Ahora eres libre.

—¿Lo soy? —miró hacia sus piernas—. No puedo vivir en otra prisión.

—No lo harás.

Esa mirada glacial se empañó.

—No puedo vivir así ¿Entiendes lo que digo?

Se congeló totalmente por dentro.

—Escucha, voy a traer a ese doctor aquí y...

—Vishous —dijo con voz rasposa—. Verdaderamente, lo haría si pudiera, no hay nadie más a quien pueda recurrir ¿me entiendes?

Mientras encontraba su mirada, quería gritar, sentía un nudo en el estómago y el sudor en la frente. Era un asesino por naturaleza y entrenamiento, pero esa no era una habilidad que hubiera querido empuñar contra nadie de su propia sangre. Bueno, exceptuando a su madre, claro. O quizás su padre, solo que el tipo la había palmado solito.

De acuerdo, corrección: no era algo que fuera a hacerle a su hermana jamás.

—¿Vishous, me...?

—Seh. —miró hacia su mano maldita y flexionó ese pedazo de mierda—. Lo pillo.

En lo más profundo de su piel, en su mismísimo núcleo, sus cuerdas interiores habían empezado a vibrar. El tipo de cosa con la que había estado familiarizado toda su vida... y un shock total. No había vuelto a tener esta sensación desde que Jane y Butch habían llegado a su vida, y su regreso era... otra pedazo de Que Me Jodan.

En el pasado, eso lo había desviado seriamente del camino, hacia el terreno del sexo duro y otra mierda filosa.

A la velocidad del sonido.

—¿Y qué dices? —preguntó ella con un hilo de voz.

Mierda, acababa de conocerla.

-Sí. —flexionó su mano mortal—. Me ocuparé de ti. Si la situación llega a eso.


Mientras  Payne miraba fijamente más allá del peso muerto de su cuerpo, el perfil sombrío de su gemelo era todo lo que podía ver, y se despreciaba a sí misma por la posición en la que lo había puesto. Había pasado todo el tiempo desde que había llegado a este lado intentando encontrar otro camino, otra opción, otro... cualquier cosa.

Pero lo que necesitaba no era algo que pudiera pedirle a un extraño.

Pero bueno, él era un extraño.

—Gracias, hermano mío.

Vishous simplemente asintió y siguió mirando hacia adelante. En persona, él era mucho más que una suma de sus rasgos faciales y el tamaño masivo de su cuerpo. Antes de que su mahmen la hubiera encerrado, había pasado mucho tiempo observándolo en los cuencos de visión de las Elegidas y había sabido quién era para ella en el mismo momento en que había aparecido en el agua... todo lo que tenía que hacer era mirarlo para verse a sí misma.

Que vida había llevado. Empezando por el campamento y la brutalidad de su padre... y ahora esto.

Bajo su fija compostura, hervía en rabia. Podía sentirlo en sus propios huesos, algún tipo de conexión entre ellos dándole una visión de él que iba más allá de la que sólo sus ojos se formaba.

En la superficie, estaba organizado como una pared de ladrillo, como si todos los componentes que lo componían estuvieran bien pegados con cemento en su lugar.

Sin embargo, por dentro de su piel, hervía... y la pista exterior era su mano derecha enguantada. Por debajo de su base, brillaba una luz... que se volvió más resplandeciente. Especialmente después de haberle hecho esa pregunta.

Se dio cuenta de que esta podría ser la única vez que estuvieran juntos, sus ojos volvieron a humedecerse.

—¿Estás emparejado con la hembra sanadora?

—Seh.

Cuando solo hubo silencio, deseó poder hacer que él siguiera hablando, pero claramente le había respondido por cortesía. Aún así, le creyó cuando dijo que estaba contento de que ella hubiera venido. No le había parecido del tipo de personas que mienten... no porque le preocupara la moral, o la educación, sino porque veía dicho esfuerzo como una pérdida de tiempo.

Payne volvió a dirigir sus ojos hacia el brillante círculo de fuego que brillaba sobre su cabeza. Deseaba que él la cogiera de la mano, o la tocara de alguna forma, pero ya le había exigido demasiado.

Tumbado en la mesa su cuerpo se sentía totalmente extraño, pesado y ligero a la vez. Su única esperanza eran los espasmos que recorrían sus piernas, provocándole un hormigueo en los pies haciendo que se movieran. Todo no podía estar perdido si eso estaba ocurriendo, se dijo a sí misma.

Excepto que, aunque se refugiaba en ese pensamiento, una pequeña y tranquila parte de su mente le decía que el techo cognitivo que estaba intentando construir no aguantaría la lluvia que se avecinaba sobre lo que quedaba de su vida: cuando movió sus manos, aunque no podía verlas, pudo sentir las frescas y suaves sábanas, y la frialdad de la mesa sobre la que estaba, le ordenó a sus pies que hicieran lo mismo... era como si estuviera en las serenas aguas de una de las pilas de baño del Otro Lado, arropada en una abrazo invisible, sintiendo a otra persona junto a ella.

¿Dónde estaba el sanador?

El tiempo... pasaba.

Mientras la esperaba pasaba de intolerable a agónica, era difícil saber si la sensación de ahogo en su garganta se debía a su condición o a la quietud de la habitación. Realmente, su gemelo y ella estaban empapados en la misma posición inmóvil... sólo que por razones muy diferentes: ella no iba a ir a ninguna parte con prontitud. Él estaba a punto de explotar. Desesperada por algún tipo de estímulo... cualquiera cosa. Murmuró:

—Cuéntame algo sobre el sanador que va a venir…

La fría brisa que azotó su rostro y el perfume a especias oscuras que penetró en su nariz le dijo que sería un macho. Tenía que serlo.

—Es el mejor. —masculló Vishous—. Jane siempre está hablando de él como si fuera un Dios.

El tono no era el de un cumplido ni de cerca, pero bueno, los machos vampiros no apreciaban que otros revolotearan alrededor de sus hembras.

¿Quién sería dentro de la raza?, se preguntó, el único sanador que Payne había visto en los cuencos era Havers y seguramente no habría motivos para tener que salir a buscarlo.

A lo mejor había otro al que no había visto. Después de todo, no es como si hubiera pasado mucho tiempo poniéndose al día con el mundo y, según su gemelo, habían pasado muchos, muchos, muchos años entre su encierro y su liberación.

En una abrupta oleada, el agotamiento la arrancó del proceso de reflexión, calando hasta su mismísimo tuétano, clavándola más profundamente en la mesa de metal.

Aun así, cuando cerró los ojos, solo pudo aguantar la oscuridad por un momento antes de que el pánico la obligara a abrir los párpados. Mientras su madre la había mantenido en animación suspendida, ella había sido totalmente consciente del vacío sin límite que la rodeaba y del lentísimo paso de las horas y los minutes. La parálisis de ahora era demasiado parecida a lo que había sufrido durante cientos de años.

Y ese era el porqué de su terrible petición a Vishous. No podía haber venido a este lado solo para que se repitiera lo mismo de lo que había estado tan desesperada por escapar.

Las lágrimas se agolparon en su mirada, hacienda que la brillante luz sobre ella temblara.

—Por favor, no llores. —dijo Vishous—. No...llores.

En verdad, estaba sorprendida de que se hubiera dado cuenta.

—Tienes razón. Llorar no cura nada.

Endureciendo su resolución, se forzó a sí misma a ser fuerte, pero fue una batalla. Aunque su conocimiento de las artes de la medicina era limitado, la propia lógica mostraba a qué se enfrentaba: al ser de una extraordinariamente fuerte línea sanguínea, su cuerpo había empezado a curarse en el mismo momento en que se había lesionado luchando con el Rey Ciego. Sin embargo, el problema era que el propio proceso de regeneración que en circunstancias normales hubiera salvado su vida, estaba hacienda su condición aún más peligrosa...y probablemente permanente.

Las lesiones espinales que comenzaban a curarse por sí mismas no tenían muchas probabilidades de realinearse correctamente, la parálisis en sus piernas lo demostraba.

—¿Por qué no dejas de mirarte la mano? —preguntó con la mirada fija en la luz.

Hubo un momento de silencio, mayor que todos los demás.

— ¿Por qué crees que lo estoy haciendo?

Payne suspiró.


—Porque te conozco, hermano mío. Lo sé todo sobre ti.

Cuando él no dijo nada más, el silencio fue tan amigable como habían sido las incursiones en el Viejo Continente.
Oh, ¿qué mecanismos había puesto en acción?

¿Y dónde estarían todos ellos cuando todo esto acabara?

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