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Gwen, Alex y yo se lo agradecemos de Corazón. A.D.

domingo, 27 de marzo de 2011

El club del ataúd



Capítulo 5

Cuando llegamos a Los ojos del Cuervo, había olvidado que era una especie de punto de reunión para los freaks. Me impresione cuando cruzamos otra vez por sus puertas y los góticos, los Emo, los Punks, los Dark y todos los otros estaban allí otra vez, soltando esas rizas demoniacas y mostrando sus blancas caras.
Sentirse segura en un lugar así parecía tonto, sin embargo, era exactamente como me sentía en aquel momento.
Esta vez, cuando Ana me guió a través de las puertas del Tenebrae no demoré nada en seguirla. Ni siquiera dudé cando entramos a ese lugar repleto de chicos-extraños-escuchando-música-extraña. Me asusté un poco de la sensación de familiaridad que me provocaba todo ese ambiente alocado, pero de alguna manera, estaba… bien.
Ana golpeo la misma puerta roja de la otra vez, la misma cantidad de veces solo que más fuerte y con una mano temblorosa y sucia.  Inmediatamente la cosa se abrió mostrando al mismo chico de la otra vez vestido solo con una camiseta negra y unos vaqueros con costuras echas de hilo escarlata. Tenia una expresión  de completo mal humor en su rostro que menguo en cuanto nos vio allí paradas, esperando.
Más o menos tenía una idea de cómo de mal nos veíamos. Ana con el rostro hinchado y enrojecido por las lágrimas, un ojo hinchado, la ropa sucia por el polvo del ático y las marcas de quemaduras por fricción en su cuello. Yo, con el cabello enredado con ramitas del mini-bosque, el labio roto, la ropa embarrada…
Él se hizo un lado y nos invitó a entrar sin decir una palabra. Ana suspiró relajada en cuando el calor, el aroma a incienso y la música de piano esta vez, invadió nuestros sentidos. Crow pasó a nuestro lado sin mirarnos y se perdió en la parte oculta de su casa.
Ana le siguió y se dejó caer en uno de los sillones como si ya no tuviera fuerzas para mantenerse en pie.
Yo quería haber lo mismo, pero cuando vi las cadenas de la cama de Jean, sentí la bilis en mi boca y tuve que hacer un gran esfuerzo por tragarla ¡la maldita culpa me ahogaba! Tenía tantas ganas de derrumbarme y llorar… llorar hasta que no tuviera más lágrimas, llorar hasta que todo se solucionara, llorar hasta que todo estuviese bien de nuevo. Pero sabía que eso era imposible
Por fin me senté en el sofá que tenia vista a la cocina.Crow ponía agua en una cafetera y preparaba café, luego se dirigió al refrigerador y saco mantequilla y jamón lo que uso para preparar sándwiches.
Sus acciones eran tan normales que dolían.
-          ¿Qué paso? – preguntó luego de unos minutos de solo-música-como-ruido
Ana me miró como esperando que contara yo la historia pero algo en mi cara la disuadió, lo que fue un alivio porque no podía hablar en este momento, las emociones eran tan intensas que por poco no podía contenerlas.
¿Qué era lo que quería? ¿Llorar?¿Gritar?¿Reir?
Mi padre había engañado a mi madre con Grace, mi mejor amiga fue golpeada por mí culpa… Pero de todas formas, ambas conseguimos huir de casa y ahora éramos… libres,  aunque fuese por unos momentos.
¿Cómo debería sentirme?
-          Alexis me rescató… yo… - Ana se atragantó con las palabras mirando fijamente  a Crow moviéndose en la cocina – Mamá me encadenó, otra vez… - su voz se rompió.
Vi los músculos de la cara de Jean tensarse mientras iba  a la cafetera y vertía la sustancia en tres tazas. Sin decir ninguna palabra repartió sándwiches y café para los tres y se dejó caer en el último sillón que quedaba clavando la mirada en el contenido humeante de su tazón, como si contuviera todas las respuestas del universo.
Luego elevó los ojos hasta Ana.
Anabela se aclaró la garganta.
-          No sé qué paso antes, pero el padre de Alexis apareció de la nada en la puerta, le dijo unas cosas a mamá y en un parpadeo me estaban metiendo en el ático ignorando todas mis patadas y gritos. Alex me llamó como tres segundos más tarde y me sacó de allí, no sé cómo mierda lo logró, ella no sabía…- An frunció el ceño y me miró detenidamente – ¿cómo supiste que algo malo pasaba?-
Silencio.
El líquido negro que había en mi taza parecía tan rico, tan normal. Calentaba mis manos heladas y solo en ese momento me percaté del temblor que recorría mis brazos haciendo que se formaran ondas en la superficie perfecta. Y el olor… ese olor a café cargado, tan habitual en casa, por las mañanas… antes…
Algo se rompió en mi interior y comencé  a llorar, las lágrimas caían contra mi voluntad por la mejilla dolorida, deslizándose hasta perderse en el comienzo de mi garganta. Los gemidos fueron los siguientes, rápidos y desgarradores que pasaban a través de mi pecho dolorosamente, uno seguido de otro y de otro…
Las manos de Jean quitaron la taza de mis manos temblorosas y la dejaron en él suelo. Ana estaba justo detrás de él conmocionada por mí reacción, pero todo eso no me importo por primera vez en la vida no quería ser fuerte solo deseaba… llorar.
Cuando los fuertes brazos de Jean me apretaron contra su pecho todo fue dolor, agonía, mentiras y el derrumbe de toda mi vieja vida ante mis ojos. Ana estuvo allí todo el tiempo dando pequeños golpecitos en la espalda y susurrando palabras de ánimo en mi oído.
-          Perdóname An… todo lo que te pasó fue mi culpa -
Lloré durante mucho tiempo, el sonido del piano se detuvo cuando el CD en la radio se acabó y aun las lágrimas caían por mi cara.
-          Todo va estar bien, pequeña – susurró Crow en mi oído apretándome más contra él haciéndome sentir segura un momento.
Yo asentí solo un poco.
Aunque no creía para nada en sus palabras.
Jean me soltó teniendo cuidado en dejarme bien sentada en el sillón donde me aovillé abrazando las rodillas con fuerza para ver si podía disminuir ese enorme agujero que tenía en medio del cuerpo. Crow fue hacia Ana que estaba de espaldas llorando.
Me sentí mal, muy mal. Ella no debería llorar, debería ser una chica normal, feliz sin preocupaciones, con una madre y un padre amorosos. No se merecía toda la mierda que estaba pasando.
Hoy ella había sido solo un daño colateral de Damien. Solo una forma más de castigarme.
Ella lloraba debido a mí.
Jean le acarició la espalda cariñosamente, le dijo algo y también la abrazo con fuerza. Luego la guió hacia el sillón por que parecía no ser capaz de andar por sí misma.Crow volvió a su puesto en el sillón y nos miró a ambas con sus increíble ojos verdes llameando con ira y comprensión
-          Pueden quedarse aquí todo lo que quieran. Ocupen mi cama yo dormiré aquí en el suelo -  se encogió de hombros como si no importara  – Ahora será mejor que se acuesten, las dos necesitan descansar -
Ana iba a protestar pero un bostezo la cortó y la hizo sonreír un poco. Se fue arrastrando los pies hacia la cama y yo la seguí sin decir nada. Crow se perdió en el baño por unos momentos y volvió con dos grandes camisetas que nos tiró para que usáramos como “pijamas provisorios”.
Atenuó las luces del cuarto casa y después se fue por la puerta que daba hacia la fiesta y el bullicio dejándonos solas.
Ana se cambió y me miró sobre el hombro.
-          Le debemos una – dijo ella muy seria.
Cabeceé asintiendo mientras me quitaba la ropa y deslizaba la gran camiseta en su lugar liberando un suave olor a detergente y a Canela, tenía la imagen de Edward manos de tijera en el frente. Aspiré profundamente llevando el aroma a mis pulmones.
Ana se deslizó hacia el rincón y su puso de costado dándome la espalda. Yo me acosté a su lado demasiado cansada incluso para pensar en dormir. Me perdí en las suaves luces amarillas que proyectaban sombras oscuras de todo el mobiliario. No eran fuertes, de hecho, apenas iluminaban lo suficiente para que la oscuridad no nos devorara.
El hueco bajo la cama o el silencio que envolvía al cuarto no me asustó, solo…me lleno de tranquilidad provisoria que consiguió ponerme más triste porqué nunca pensé que debería dejar el lugar que había sido mi hogar durante tanto tiempo para conseguirla. Pero por primera vez, en dos meses, las vos molesta de mi cabeza había cambiado sus advertencias de siempre por otras más interesantes.
“Aquí estas segura pero no por mucho” “tienes que buscar ayuda” “Ten cuidado”
Me mordí el labio hasta que la herida se reabrió dejándome un sabor a cobre en la boca. Solté una exhalación y entrecerré los ojos para que el resplandor de las luces me entretuviera un rato.
La acompasada respiración de Anabela me indicó que se había dormido pronto, y dios, cuanto la comprendía, había sido un día agotador para ambas.
Treinta minutos más tarde me levanté incapaz de dormir. Fui hasta la cocina, alcancé un vaso del mueble y lo rellené con agua. Necesitaba calmar la tormenta de cosas que se había desatado en mi estómago, en mi cabeza y en mi corazón. Todo a la vez.
Mi padre con Grace. Mi madre muerta,¿yo libre? Dolor ¿o alegría?
¿Dónde estaba el maldito diario?
Suspiré pesadamente apoyando mi cabeza ardiente sobre el fregadero, considerando la idea de meter la cabeza dentro del congelador para apagar las llamas. La puerta abierta me hizo descartar la idea, alcé la cabeza y vi a Crow aparecerse por el pasillo. Su cabello pelirrojo estaba revuelto y en su mano derecha había una cerveza, igual  a la que Lara me había dado a probar la otra noche.
-          Hola – dijo dudando y luego acercándose para botar la lata vacía en el contenedor a mi lado – ¿No puedes dormir? –
Negué despacio
-          Me duele la cabeza – me quejé masajeándome las sienes
El maldijo y comenzó a revolver una pila de cajones buscando. Lo miré con interés mientras él descartaba cucharas, frascos, ajos, cuchillos, hilo… y finalmente tomaba una cajita azul y hacia un sonido de triunfo.
Sirvió más agua en un vaso y me lo tendió junto a una píldora blanca.
-          Aspirina – informó resplandeciendo de orgullo que me sacó una sonrisade agradecimiento.
Con las cosas en las manos, fui a asentarme en el sofá. Crow siguiéndome de cerca.
Tragué la píldora con un sorbo de agua que se llevó todo lo que tenía el vaso.
Crow me lo quitó tal como había hecho con la taza de café y se sentó frente  a mí en la mesita de centro de madera negra. Clavando sus orbes en los míos. Jade v/s chocolate
-          Siento lo que has pasado hoy, me gustaría hacer otra cosa para ayudarlas pero… -
Chasqué la lengua con impaciencia
-           Gracias por dejar que nos quedáramos – dije cortándolo – te debemos un favor y … una cama, creo –
El rio haciendo que los ojos jade brillaran más
-          Un placer tener a chicas en mi cama, sobretodo unas tan guapas y sexys como ustedes dos, par de taradas - 
Crow soltó otra risa pero luego sus ojos brillaron serios enfocados en los mios. ¿Estaba coqueteando? Wow, no estaba preparada para eso…
-          ¿Cómo conociste a Ana? – pregunté porque sentía que iba a sonrojarme por el cumplido. El pareció notarlo y se sonrojó primero, lo que lo hizo parecer más… Lindo.
-          ¿Por qué? ¿Vamos a confesarnos? - 
Me reí. El sonido parecía extraño.
-          No lo sé. ¿Vamos a confesarnos?
Crow pasó una mano por su cabeza pensando. Sus ojos vagaron por la pared de atrás de donde colgaba la pintura de un cuervo negro.
-          Hace un año, quizás… Bela llegó al Tenebrae, nos encontramos por casualidad. Ella se había fugado de su casa a escondidas y era la primera vez que venía por este barrio. Hablamos, no hicimos amigos. Ella estuvo de novia con un amigo finlandés que estaba de vacaciones aquí ¿y tu? -
-          Cinco meses, ella llegó a trabajar a la casa de Demian, nos vimos por primera vez cuando se metió en secreto a mi habitación para espiar… En este momento creo que sería mejor para ella si no nos hubiésemos conocido–
Le lancé una miradita cariñosa al bulto en la cama y suspiré sintiéndome de pronto muy, muy mal “otra vez”. Ella lloró por mí culpa, por mi culpa la lastimaron. ¿Y si no hubiese podido sacarla? ¿Qué habría pasado con ella?
-          Hey Alexis, no pienses – Crow hizo señas con su mano para que volviera mi atención a él – Mira también he pasado por cosas duras y lo mejor que puedes hacer ahora es darte un break, dormir y volver a pensar mañana con la mente descansada ¿vale? –
Se puso de pie y me ofreció una mano para levantarme también.
-          Vale – dijetomándola
Nuestras miradas se encontraron y por un momento… por un segundo estuve tranquila.
Su mirada verde vagó por mi rostro. Estábamos parados uno frente al otro con apenas unos centímetros separándonos. Jean tenía unos gruesos labios rojos que se veían suaves como la seda, mandíbula cuadrada masculina, unas cejas que enmarcaban sus ojos brillantes con dos argollas plateadas perforando la izquierda que lo hacían ver sexy.
El calor que emanaba de su cuerpo fue como una caricia física. Su aroma era embriagador. La mano que aún tenía unida con la de él, picó.
Sacudí la cabeza y me alejé de la suave piel de su palma con la cabeza gacha para esconder el rubor. El chico podría tener fácilmente veinte años y seguramente no estaría interesado en una chica que no sabía besar…. ¡Ahg!
¡Y lo había visto dos veces! ¡Nada más!
¿Y porque mierda estaba pensando en eso?
-          Buenas noches- dijo él
Miré sobre mi hombro para ver como ponía un saco de dormir en el suelo y comenzaba a quitarse la camisa revelando un tordo musculoso…
-          Buenas noches – respondí con voz estrangulada metiéndome bajo las mantas lo más rápido que pude.



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A.D.