¡Afiliame!

Create your own banner at mybannermaker.com!
Este blog crece gracias a sus opiniones, correcciones y críticas constructivas. Gracias por contribuir con las historias que se aloján en este sitio.
Gwen, Alex y yo se lo agradecemos de Corazón. A.D.

domingo, 27 de marzo de 2011

El club del ataúd


 
Capítulo 4
Viernes 20 de Noviembre


Agradecí internamente que la maestra se hubiese retrasado porque por primera vez en el día Anabela no podía evadir mis preguntas con excusas. Ella me miró a los ojos y se mordisqueó e labio inferir de forma nerviosa.
-          ¿Por qué tanto misterio anoche? – repetí mirándola a los ojos con ese don intimidatorio que venía de familia.
An soltó un suspiro y se masajeó las sienes tratando de pensar, algo en lo que era buena la mayoría de las veces, pero ahora no tenía muchas formas de evadir mi pregunta, o yo me enfadaría. Wow tenía que sacar de esta conversación, alguna respuesta a todas las preguntas…
-          Las identificaciones falsas son en caso de emergencia. Las pedí porque en cualquier momento tú, yo o ambas, tendremos que salir pitando de nuestras casas y con la edad que tenemos no podremos hacer nada – se restregó los ojos cansada – Es solo por precaución –
Lo pensé un momento mientras miraba el reloj en el muro del fondo. La maestra llevaba quince minutos de retraso lo que hizo que mi cerebrito diera un brinco de felicidad porque no tomaría el examen de filosofía, y considerando mi actitud frente al libro, estaba segura de que lo hubiese reprobado.
El estrés. Me recodé
-          Bien, lo acepto. Pero todas esas conversaciones secretas ¿por qué? Creo que soy tu amiga, no digo que me cuentes todo lo que pasa en tu vida pero si vas a llevarme a algún lado solo para tenerme de adorno… -
-          ¡Oh!¡por todos los cielos, Alexis! ¡Cállate! Mira no puedo contarte aún porque ni siquiera yo sé si lo que estaba hablando es verdad ¿dale? ¿te sentirás mejor si te cuento sobre Crow? –
Asentí.
-          ¡Le gustas a Jean! - gritó
Oh, Ouch… Estas jugando  – Ella se puso seria – mierda, no estás jugando… -
- Sip… A él le gustas, me lo dijo anoche y… Uhh… ¿viste las cadenas que colgaban e su cama? Él me contó lo que hacía con ellas y ¡No te va a gustar! -
Me sonrojé. Lo sé porque el calor de mis mejillas fue como una bofetada. Finalmente termine en una carcajada histérica a la que Ana se unió rápidamente, aunque todo eso no me daba nada de risa. El tipo había tenido fantasías conmigo… que implicaban cadenas…
¿Y porque todo eso resultaba tan condenadamente sexy?
La maestra Sarah escogió ese momento para llegar respirando con dificultad. Las gafas casi se le caían por su nariz respingada y su cabello azabache estaba muy revuelto como si una ventolera la hubiese atrapado en el camino. . La maestra dijo un “Hola chicos” jadeante y se dejó caer en su silla sin fuerzas.
-          No habrá examen hoy. Tuve que pequeño inconveniente al venir así que lo dejaremos para la próxima semana –
El aula estalló en vitoreos y yo no pude dejar de soltar un suspiro de alivio.
El resto del día pasó más o menos igual. Muchos profesores llegaron atrasados o simplemente faltaron. Las últimas dos horas no tuvimos maestro así que la dirección nos dejó ir antes a casa.
Ana y yo caminamos hasta la salida como todo el restode los que tenían horas libres. Era un día parcialmente nublado y frío propio de invierno que te hacia desear estar en una casa frente a un buen fuego crepitante. Solo pensar en casa me dio un escalofrío. An sacó su móvil y encendió la música, lanzándome una mirada divertida cuando Out of love comenzó a sonar. Que el vocalista de Cinema Bizarre fuera mi amor platónico, parecía divertirla demasiado.
Cantando la letra nos acercamos a las dos limosinas que nos esperaban para llevarnos a casa. Gruñí, mi chofer estaba allí de pie y parecía impaciente.
-          Como mierda lo saben todo – Mi voz rociaba acido. An levantó una ceja
-          ¿Cómo no lo sabrían? Trabajan para el tipo más importante de la cuidad-
Suspiré con pesar. Pero asentí
-          Tienes razón. Bien… joder Si ves a Crow de nuevo… dile, Er… ¿hola de mi parte? – escondí una sonrisa boba y un sonrojo mirando al suelo.
Ana dio palmadas en el aire.
-          Uhhh Alex, ¡me has dado autorización para hacer cosas muy malas!. ¡Adiós chica!-
-          ¿Qué? ¡No! –
El empleado de papá me metió al Coche. Era un alto tipo llamado Lothaire de Inglaterra, que era tan o más pálido que papá, e igual de frio. Sin escuchar mis suplicas, me pusoel cinturón de seguridad y se metió adelante al lado del conductor, tan distante como siempre, lo que era irritante, porque… bueno, no lo sé, cuando mi madre estaba viva, nunca me percaté de su presencia.
Ana me miró a y través del vidrio bajado de su auto cuando pasaba a mi lado sacándome la lengua. ¡Arrrg!
Me acomodé en el asiento trasero dejando que el aroma a cuero me envolviera. Estudié a mi chofer con un renovado interés. Antes de la muerte de mi madre no era consciente de la mayoría de las cosas pero ahora que ella se había ido una idea revoloteó en mi cabeza.
-          ¿Lothaire? – pregunté bajito pero él me miró a través del espejo retrovisor al instante.
-          Si señorita –
Tragué grueso.
-          Tú… umm, tienes una idea de por qué… mataron a mamá… -
Sí, bien… El día en que la encontré muerta no había ningún criado lo que estaba jodidamente fuera de lugar. Tal vez los empleados sabían algo más al respecto.
Por un segundo pensé ver diversión en los ojos de Lothaire, pero si la hubo realmente, desapreciótan rápido como había llegado. Él mantuvo su expresión imperturbable como buen chofer y negó levemente con la cabeza.
-          No lo sé, supongo que decidió hacer malos tratos, Ella me preguntó días antes sobre cierta gente un poco peligrosa –
Su respuesta me dejo muda durante dos segundos ¡Por qué no le pregunté antes sobre esto! Aunque yo sabía quién había asesinado a Emilie, no teniaidea de por qué. Mi única esperanza había sido encontrar el diario de mi madre que ningún policía logró encontrar en la investigación.
La curiosidad me corroía ¡Demonios, tal vez esa gente tuviera el bendito diario!
-          ¿Cómo quiénes? – mi voz sonó temblorosa por la emoción.
-          Tal vez… - el cerró los ojos como si no le importara estar conduciendo, sacudió la cabeza e hizo un sonido de dolor. Cuando volvió abrir los parpados un segundo más tarde, sus iris brillaron rojos durante un latido – No sé – terminó
Fue mi imaginación, tiene que serlo… los ojos no son de ese color…
No pregunté nada más, la forma repentina en la que su actitud había cambiado estaba fuera de lugar. Aunque las ganas de saber de que diablos estaba hablando no se iban.
¿Qué gente? ¿Por qué mamá haría un trato con ellos? ¿Qué era tan importante como para que Demian tuviera que matarla?
Al llegar a casa me metí directamente a la habitación, saqué un i-pod que estaba bien escondido en esa mochila que siempre ocultaba bajo mi cama y me puse los cascos. También me preocupe de poner la radio alta con música variada que nunca escuchaba en realidad, solo era una fachada para mi padre yo prefería las melodías tristes que componía mi madre antes. Era sus últimas canciones… Cada vez habían sido más tristes o enojadas… ¿Por qué?
Saqué los cuadernos e hice mis deberes lo mejor que pude pero luego de un rato tiré el lápiz contra la pared dejando caer mi cabeza entre las manos. Frustrada.
¿Gente peligrosa? ¿Cómo quiénes? ¿Por qué se acercó a ellos?
En un cuaderno negro, lleno de poemas y cosas cursis de mi invención escribí todo lo que sentía en ese momento tirada sobre la cama mientras escuchaba canciones tristes. ¡Genial! Me acababa de convertir en una chica depresiva en potencia. Ahora solo faltaba el delineador negro.
El estrés, maldito estrés.
Los minutos pasaban y pasaban y el momento de la verdad se acercaba.
La imagen de mi madre degollada apareció justo en el momento en que el reloj marcaba las ocho, y permaneció allí mientras bajaba las escaleras hacia el comedor ricamente adornado con diseños de oro entretejidos en los murales de las paredes con dibujos de lobos cazando.
Me sentía como si fuera a la horca.
Cuandovi a Demian sentado a la cabeza de una gran mesa ovalada con doce asientos, pensé en lo mucho que se parecía al lobo feroz de las paredes y me mordí la carne de la mejilla fortaleciendo mi cerebro para la siguiente media hora que era lo máximo que podría permanecer en su presencia y lo mínimo que necesitaba para convencerlo de que no le odiaba.
Pensé en mi madre, en mi buena, divertida y loca madre que había sido muy feliz junto a Demian todos los años de su vida “aparentemente”. Eso había pensado yo siempre, pero mierda, no tenía idea de nada. La única fuente de verdad. El diario, se había perdido hace meses ¿Cuántas posibilidades tenia de hallarlo?
Si solo supiera que mierda había llevado a papá a matarla de esa forma tan horrible todo sería menos espantoso, porque no cabía duda de que mi padre había sido… yo había visto la sangre en su camisa… Dios. Recordaba el momento exacto en el que había abierto la puerta del baño buscando la causa de la sangre en la ropa de Demian. Aun recordaba perfectamente esa sensación de aceptación inmediata, como si todo en mi hubiese estado esperando que algo así de sangriento ocurriera.
Todavía no entendía por qué, a pesar de haber encontrado a mi padre con los ojos rojos y la camisa manchada nunca jamás había entrado en shock, es decir, tal vez media hora antes papá había estado destrozando el retrato de Emilie y después, la mujer nadaba en su propia sangre en el baño ¿No era lo suficientemente impresionante? ¿Por qué no simplemente me puse a gritar o algo? En vez de eso, había aceptado la situación con una calma aterradora.
La lógica y la auto preservación le ganaron a las ganas de largarse gritando ¡asesino! Por todas partes.
Todo había partido allí, todo se había vuelto malo. Había evitado a mi padre todo lo que podía pero no era tan fácil. No era llegar y hacer como que el no existía. Demian no dejaba que fuera así de fácil.
Y ahora debía cenar con él
Mi lugar estaba allí en la silla junto a la de mi padre, con un gran plato blanco con dos trozos de pizza recién hecha. Él sonrió un poco al verme, se veía limpio, exitoso… Feliz…
 Y lo odié por eso.
Me ubiqué en el puesto teniendo mucho cuidado en no sonreír como una idiota, pero tampoco de mostrar lo dolorosamente enfadada que estaba. La comida olía realmente bien pero eso era de esperarse, era comida para Demian. Tampoco esperaba que la masa o la coca cola tuvieran arsénico entre sus ingredientes. Yo no le había dado ningún motivo para matarme y lo cierto es que si él hubiese querido hacerlo, yo no estaría hoy aquí sentada.
La muerte es más fácil, la vida es más complicada.
-          Buenas noches hija mía – Me saludó con esa cháchara sofisticada que siempre soltaba. Como si el mundo se fuera a acabar si perdía sus modales antiguos.
-          Hola – Le contesté dedicándole una larga mirada que no demostraba nada.
No comí hasta que el comenzó a hacerlo, y como no dije ni una palabra, él tampoco lo hizo. Él silencio se fue haciendo cada vez más molesto a medida que pasaron los minutos, el sonido de los vasos, tenedores incluso el roce de la servilleta se oía a la perfección.
No fui realmente educada, tampoco lo contrario. Básicamente me dediqué a tragar todo lo que había en el plato bajo la atenta, y un poco molesta, mirada de mi padre… Luego me di cuenta de que ni siquiera recordaba los ingredientes de la pizza.
Eché una ojeada al reloj de péndulo que colgaba tras mi padre y decidí que había cumplido con el tiempo.
Bueno, en fin… me paré sintiendo que todo había sido demasiado placido para estar bien, el silencio era una de las cosas más reconfortantes que podrías encontrar en esta casa. Le agradecí a papá por la cena, le di las buenas noches como una buena chica y me di la vuelta para alejarme.
-          Voy a despedir a Grace y a Anabela – soltó cuando estaba a medio camino a la escalera.
Si existía alguna manera de acabar una cena relativamente pacifica, no podía imaginar otra forma mejor. En el fondo sabía que solo estaba provocándome, pero no pude contenerme. Me quedé en mi sitio dando la vuelta lentamente abriendo los ojos incrédula hasta encontrarme con los inexpresivos ojos de Demian.
-          ¿Qué dijiste? – pregunté como una tonta aunque había escuchado claramente la primera vez.
Él se encogió de hombros.
-          Que echaré a Grace y a su hija. Solo te estoy informando –
Nuestras miradas se quedaron enredadas la una en la otra, podía ver a la perfección esa pequeña chispa oculta en las profundidades de los ojos café-rojizos más rojos que de costumbre. Decía “No tienes agallas para retarme”
Avancé un paso antes de que mi mandíbula se abriera por completo en un grito.
-          ¡No puedes hacer eso! ¡No puedes ser tan cruel! – exclamé furiosa - ¿Y Por qué lo harás de todas formas? ¿Por qué es mi mejor amiga?¡¿Por qué es la única que es buena conmigo…?! -
-          Silencio Alexis. Ella es una mala influencia para ti, eso es todo –
Se paró bruscamente haciendo que la silla cayera tras él con dureza. Los ojos brillaron rojos.
Rojos… como los de Lothaire…
-          Oh, mierda… eres un hipócrita ¿lo sabías? –
Demasiado rápido y demasiad de improviso, el alto hombre estuvo frente a mí con la mandíbula apretada… Me pegó una cachetada que rompió mi labio inferior sacándome sangre. Lo mire una vez más aborreciendo el hormigueo en mi mejilla  pero por primera vez en un montón de tiempo no sentía miedo, solo… rabia.
-          Asesino… - susurré
Salí corriendo escaleras arriba antes incluso de que la palabra hubiese salido de mi boca, lo que me dio unos preciados segundo de ventaja que aproveché al máximo. Cuando llegué a mi habitación eché el cerrojo y cerré también la ventana y las cortinas… solo por precaución. Puse ambas manos contra la puerta y deje que mis ojos se cerraran.
Los doce pasos en los escalones y los siete que llevaban hasta mi cuarto fueron tan fuertes como los latidos en mi pecho. Las lágrimas rodaban cristalinas por mis mejillas.
La voz del señor Rosses se metió por la rendija que estaba justo al lado de mi oreja
-          Estas castigada, Alexis, hasta que me aburra de ello – murmuró él agriamente.
Diez segundos más tarde, la luz fue cortada
La oscuridad callo alrededor densa como la niebla, pero a diferencia de lo que pasaba la mayoría de las veces, ahora me resultabaapropiada para ocultar el huracán de emociones desbordadas. El frio aliento de Demian se colaba por la rendija como si supiera que yo esta justo aquí, separada por una simple tabla de color café claro. Como si considerara la posibilidad de romperla y agarrarme por la espalda.
Cuando los pasos por el corredor se alejaron rítmicamente, casi suspiré de alivio.
Hasta que el pensamiento de qué el buscaría otras formas para hacerle daño se coló en mi mente.
Cuando marqué el número de Anabela la primera vez estaba segura de que algo malo iba a pasar, el tono sonó, sonó y sonó hasta que saltó la irritante voz de la contestadora. La desesperación hizo añicos mis nervios y mis manos empezaron a sudar como si hubiese hecho demasiado ejercicio.
La segunda vez que marqué el número el teléfono volvió a sonar un montón de veces sin ser contestado, pero cuando por fin entró la llamada, todo fue peor.
Ana lloraba débilmente.
Lloraba… ¡Dios!
-          Estoy encadenada de nuevo – declaró ella con una voz que intentaba ser fuerte pero que no alcanzaba a serlo – Rosses está en la casa, no sé dónde pero parecía enfadado…… ¡Oh, demonios Alex!, ¡no sabes cómo odio el ático!–
Los sollozos de redoblaron haciendo que mis ojos se anegaran de lágrimas de impotencia y culpabilidad.
-          Te sacaré de allí, An - susurré
Corté el teléfono y lo lancé junto al i-pod, la polera y el pantalón que había sacado mientras hacia las llamadas. La mochila salió de su escondite y fue llenada velozmente. Fueron dos segundos los que tardé en estar lista y saltar por la ventana hacia la cama de arbustos que me esperaba debajo, pero de todas formas, me pareció una eternidad.
Corrí a través del gran jardín lleno de césped húmedo por el rocío nocturno hasta adentrarme profundamente en el bosque de alerces, pinos y abetos que los padres de mi padre habían plantado allí hace muchos años.
Justo al otro lado, se veía la no-pequeña-pero-menos-ostentosa, casa de Grace que se destacaba en la noche por la cegadora luz del interior. Grace Parker estaba en su habitación, podía verse fácilmente por las cortinas corridas de par en par que revelaban el cuarto matrimonial. La cubrían solamente unas pequeñísimas bragas negrasy nada más. Y miraba fijamente a alguien frente a ella, sus labios rojo-puta se movían mientras hablaba.
Estaba con papá.
El impacto de la imagen me hizo trastabillar y casi caerme de bruces sobre unas madreselva pero alcance a recuperar el equilibrio justo a tiempo. Fue fácil entrar en la casa, la puerta principal estaba medio abierta seguramente por la urgencia que había tenido Demian por encontrar a la mujer y mandar a Ana a encadenar.
Eso me dio unas profundas ganas de hacerme un ovillo y llorar.
Las llaves del ático estaban colgadas en un clavo justo bajo la trampilla, tiré de la cuerda que liberaba las escaleras y las atrapé justo a tiempo para que no hicieran ruido.
Subí tan rápido como pude.
Ana tenía una cadena atada  a su cuello con un gran candado amarillo que pesaba por lo menos medio kilo, como si fuera un perro malo. El otro extremo estaba firmemente fijo a la pared de ladrillos como si la casa hubiese sido construida con ese “accesorio” de tortura.
 El pote de agua estaba demasiado lejos como para alcanzarlo pero el móvil estaba justo a su lado.
Anabela levantó sus ojos brillantes e hinchados por el llanto y por un momento mi visión se volvió roja.
-          Lo… siento… - me las arreglé para decir.
La liberé con el juego de llaves. Su garganta quedó levemente marcada por el roce del cuero, un ojo hinchado por un golpe y sus uñas rosa y negras rotas. Ella dejó de llorar en cuanto estuvo libre. Yo no pude mirarla.
Bajamos las escaleras y nos escurrimos lejos de nuestros padres a la carrera.
No nos fuimos enseguida, le dije a Ana que me siguiera de vuelta a la casa grande y con su ayuda robamos todo lo que había en la caja fuerte de mi padre, en el joyero de mi madre yen la sala de antigüedades. Mucho efectivo, anillos de oro con diamantes y piedras preciosas que costaban una fortuna.
Con un bolso cargado de dinero suficiente para hacernos vivir durante un año. Ana y yo saltamos la valla metálica alejándonos de la mansión Rosses, hacia la noche.






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este blog crece gracias a la opiniones, correcciones y criticas. Gracias por contribuir con nuestras historias. Gwen, ALex y yo te lo agradecemos de corazòn.

A.D.