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Gwen, Alex y yo se lo agradecemos de Corazón. A.D.

domingo, 27 de marzo de 2011

El club del ataúd



Capítulo 6
Sábado 21 de Noviembre


Cuando vi las cincuentaiocho llamadas perdidas en la pantalla, odie haber traído el móvil conmigo. Había olvidado lo útil que podría ser ese aparato para mi padre sobre todo con esa mierda del GPS integrado.
Hice una mueca y pulsé apagar.
Luego moví mis piernas fuera de la cama. Era impresionante lo fresco y ventilado que se sentía aquí a pesar de no tener ventanas. El olor a huevos fritos hizo que mi estómago gruñera como un animal salvaje y tuve, por obligación, que echar una ojeada a la sartén que chisporroteaba alegremente en la cocina.
Para mi buena suerte estaban casi listos.
Ana se había levantado hace un rato y estaba vestida con unos shorts y una camiseta gris con una carita dibujada al frente. Jean por otro lado, estaba hundido en su saco de dormir con el cabello rojizo todo despeinado y roncando suavemente con los labios entreabiertos.
“Se ve demasiado hermoso”, pensé antes de poder contenerme.
Le lancé una mirada juguetona a Anabela apuntando al montículo del suelo. Ella articuló “agua” con sus labios aguantando una risa.
Me deslicé a la cocina y tomé un cuenco cualquiera llenándolo hasta el tope y luego fui de puntillas, cuidadosamente, hacia el bello durmiente del cabello de fuego, admirando los angelical que se veía con los ojos cerrados.
Le lancé el agua en la cara.
-          ¡Ay! ¡Qué te jodan! – gritó el abriendo los ojos de golpe y luchando contra su enemigo invisible medio atrapado por el saco de dormir.
-          ¡Wow!, ¡buena forma de despertarse por la mañana Jean!-
Anabela estalló en carcajadas que se me contagiaron inmediatamente. En unos segundos las dos nos reíamos a todos pulmón mientras Crow se sentaba todo empapado mirándonos con cara de desconcierto.
Luego pasó a molestia
Y después a diversión
-          Malditas tontas – dijo tratando inútilmente de ocultar una sonrisa divertida.
-          Como sea chico mojado. Tu recompensa son unos ricos huevos fritos para desayunar, hechos por mí –
Crow alzó una ceja escépticamente.
-          ¿Quieres envenenarme? – soltó como si fuera una idea ridícula comer de lo que ella preparada. Me miró con ojos maliciosos – ¡Ajá!, ¡tomaré mi recompensa de aquí! –
Me agarró de los tobillos y caí en picada sobre el lanzando un grito ahogado, toda mi ropa se empapó con la de Jean, mi mejilla estaba estampada contra el pecho húmedo del chico y él no parecía con muchas ganas de dejarme ir a pesar de todos mis forcejeos y maldiciones entre dientes.
No quería admitir loco moda que me sentía acostada sobre él.
Ahora fueron Crow y Ana quienes se partieron de la risa por mis estúpidos intentos de soltarme, hasta que por su puesto me cansé de su diversión… y lo mordí.
Crow maldijo soltándome como si tuviera una enfermedad contagiosa, mientras Ana se sujetaba a duras penas del mueble de cocina para no caerse por la risa. El desayuno estaba listo pero ella no podía moverse para servirlo.
-          Mmm…  sabes bien – me burlé sacándole la lengua a Jean, lo que él contesto con un silencioso me “vengaré” articulado claramente por sus labios.
Luego de eso no hubo más juegos porqué toda nuestra atención se centró en los huevos y el jugo de naranja que acababan de llegar a la mesa.
Ana se lamió los labios.
-          Me quedó delicioso, así que coman ¡porque el que acaba primero le ayuda al de al lado! –
Y eso fue lo último que se oyó antes de que los tres nos pusiéramos a engullir.
Crow se fue un par de horas más tarde a trabajar preparando el show de esta noche en el Tenebrae, admito que me impresionó que el fuera uno de los tres dueños del lugar. Ana y yo vimos la televisión un rato andando en pijama, En el noticiario no había nada sobre que estuvieran buscándome o que siquiera se supiera de mi desaparición, lo que era reconfortante e intimidante a la vez.
Luego de un rato de ver caricaturas Anabela entró al baño y volvió con las bolsas que Crow nos había mostrado antes. Dentro había mucha, mucha ropa tipo Emilie Atumn, botas de combate, Chic gothic y otras por ese estilo, un montón de maquillaje abundante en delineador negro del grueso y… Pelucas. Dos pelucas, una blanca con visos negros y la otra rosada súper-fosforescente
Es increíble lo que las pelucas, un poco de maquillaje y ropa nueva pueden hacer.
Cuando me miré al espejo luego de dos horas de probarme cosas y decidirme por fin por unos jeans negros apretados en los tobillos con unas coverse de caña alta por encima, y una linda camiseta de mayas con un top rojo que cubría mi nuevo sujetador de encaje negro. Más la peluca blanco-negro hasta la mitad de mi espalda y una buena dosis de delineador grueso negro. No pude reconocer a la chica del espejo.
Ya no era Alexis Rosses, la pequeña y frágil hija de un Inversionista poderoso que además era un asesino y maltratador de familia. Ahora era una tía misteriosa, aterradora y sexy como el infierno. Parecía libre y escalofriante, una combinación ganadora.
Algo parecido pasó con Ana ¿Cuántas personas pueden decir que son asesinas usando una peluca Rosa chillón? Anabela era una de esas contadas chicas, con todo y su canguro con un conejo rosa estampado al frente… Oww, sin contar con el esmalte y la sombra de ojos a juego con su cabello brillante.
-          Y nuestras identificaciones dicen… - Anabela sacó dos carpetas con documentos falsos y puso cara de impresión – AlexDaae y Ana Harvers, ambas de 18 – Ella rodó los ojos – No es muy creativo pero se ven genial –
Me lanzó la mía
-          Oh, mierda. ¿Cómo es que me veo peliblanca? –
En la foto de la identificación mi pelo tenía la misma peluca que usaba ahora. Ana se golpeó la frente con la mano en un ademan de estupidez, luego puso los ojos en blanco
-          ¡Fotos! – exclamó como si fuera la cosa más obvia del mundo –¿Recuerdas el jueves en la noche cuando te cubrí los ojos?¡Era por esto! Todos los otros detalles los arregló Crow. El tipo es un maestro de la computadora, todo un hacker, así que asúmelo Alex, no es solo una cara bonita – me lanzo una expresión sugerente que ignoré.
-          Oh vale, sep. le quedo bien – admití mirando la falsificación y comparándola mentalmente con el real. No podías distinguirlos excepto por la información que contenían, entonces me di cuenta – Wow, para un poco… ¿Daae?¿Cómo en el fantasma de la opera? -
-          Como vez mi querido Watson, Crow no  parece tener mucha imaginación. Podría haberme puesto Ame Lee o… Chosen... Chosen es Guay –
Puse los ojos en blanco
-          Claro Ana. Chosen es Guay… - Miré otra vez la identificación y sentí la profunda necesidad de hacer algo para agradecer a Jean – Dieciocho… - musite encontrando la mirada de Anabela o Ana como se llamaba ahora.
-          ¡Dieciocho! – chilló ella abriendo los ojos como platos.
Si vale, que tan genial podría ser saltarte dos años de tu vida. Al parecer, demasiado. ¡quien podría soñar algo así?
La nueva Ana, con su nuevo look Emo y una reluciente ID recién sacada del horno, me llevó fuera de la habitación hacia un salón de fiestas gótico y vacío a excepción de algunos tipos con guitarras y baterías a los que identifiqué como algunos de los locos que tocaban en el lugar. Ellos levantaron la mirada cuando oyeron las palabrotas que salían de los labios de Ana mescladas con un lote de ¡hurras! y ¡gracias! Y  continuaron mirándonos aun cuando desaparecimos en el Hall.
Mientras yo pensaba en que haría Jean en este minuto
El “salón de la calavera” como bauticé al hall/recibidor/entrada del edificio, estaba menos concurrido que de costumbre  pero no completamente vacío, lo que apoyaba la teoría de que las “razas nocturnas” no desaparecían durante las horas de luz.
Había algunos tipos con crestas de colores embutidas en Laca apoyados en los muros negros, bebiendo cerveza, soda, o de cajas de cartón que seguro tenia del vino barato. Subiendo las escaleras iba un grupo de chicas que usaban unos vestidos atrasados en unas cuantas épocas, con corsés asfixiantes y todo.
Me sorprendí un poco cuando Ana fue tras ellas hacia una gran puerta doble con un cartel que decía “Macabro”
Entramos y otra vez la impresión me dejo momentáneamente fuera de combate plantada bloqueando la puerta de acceso  Hasta que un gran tipo dos veces mi tamaño se paró frente  a nosotras estirando una mano como el ébano.
Ana le entregó su nueva identificacióntoda sonrisas y yo me apresuré para hacer lo mismo.
El tipo hecho un vistazo desinteresado, nos devolvió las cosas y nos hizo señas para que entráramos. Todo sin usar las palabras. Ana estaba que reventaba de la emoción y pude entender por qué. Era una especie de Bar NO MENORES DE EDAD, todo tragos y acciones que podrían acerté ruborizar sucediendo en las esquinas. Sonaba Belalugosiisdead a todo volumen y era algo endemoniadamente Hipnotizante.
 Los góticos rebozaban el lugar pero no había nadie de menos de dieciocho excepto tal vez, nosotras y algunos otros con un buen carné falso. Anabela me medio arrastró hasta la barra sentándose en un banquito como los de las peluquerías. Llamó al camarero alzando una mano guiñándome un ojo con tranquilidad. El barman alzó las cejas y la miró, realmente la miró como si la estuviera desnudando mentalmente lo que me obligó a apartar la vista hacia otro lado y contener un rubor traicionero.
Era algo bobo pero ¡dios! La mirada del chico era tan intensa que no pude evitarlo.
-          Dos Negranoche – pidió  Ana sin darse cuenta de él, luego me lanzó una mirada de ‘no me mires con esa cara’ – Me gustan estas cosas ¿ya? –
-          Negranoche… –repetí asumiendo que hablaba del trago y no del tío de la barra.
Ella sonrió.
-          Te gustará este lugar, solo confía en mi –
El Camarero estuvo de vuelta en apenas unos segundos con dos copas pequeñas repletas de una sustancia negra como la brea. Nos estudió de nuevo a ambas fugazmente pero luego volvió a su contemplación de mi amiga. Fui testigo del momento exacto en que los de Anabela se centraron en el barman.
Ella le sonrió… coqueteando.
Probé un poco del contenido de la copa sintiendo como papilas gustativas comenzaban a cantar. Era mejor que la champagne sin alcohol y mejor que la cerveza que tomaban por aquí también, ahh y a juzgar por la reacción de mi cabeza era mucho, mucho más fuerte. De la clase de tragos con lo que puedes emborracharte sin darte cuenta.
Lo dejé en la barra no queriendo perder el conocimiento en el primer día de tener dieciocho.
Ana charlaba alegremente con el camarero, soltaba risitas tontas cuando correspondía y se hacia la seria justo en el momento adecuado. Woaa, vale esa era una faceta desconocida para mí, pero era educativo verla haciendo todas sus proezas con el tipo que parecía estar cada vez más engatusado por ella.
Luego de un rato de estudio a An, me cansé de ignorar deliberadamente los susurros que se decían él camarero y mi vecina de banco. Prefería mirar el lugar detenidamente, era evidente que el Macabro era un Oasis de oscuros. Las cruces estaban pintadas en cada panel de madera que componía las paredes, había algunos cuadros del GrinReaper haciendo sus proezas, Fotos de Siouxsie, Vampiria, Peter Murphy… etc.  La bola de espejos reflejaba el típico morado/rojo/azul que se mesclaba con la vestimenta de las razas nocturnas. El suelo de cerámica negra igual al piso que había en el Tenebrae,  las mesas con forma de ataúd y los sillones tapizados de rojo sangre.
Fascinante.
Me mordí el costado de la mejilla bebiendo un poco más de la copa.
En eso el DJ le hizo señas a… alguien desde su entarimado, la bola de espejos subió hasta perderse tras un panel removible a control remoto mientras de las esquinas de la pista de baile se asomaban unas luces rectangulares no más grandes que una caja de zapatos.
La música cambio de un lánguido Lacrimosa a un movido Industrial. Las luces plateadas se encendieron a la vez parpadeando con él ritmo de la canción haciendo que todos los movimientos fueran entrecortados… Burbujeantes.
Eché un vistazo a mi lado y vi que Ana se reía a mandíbula batiente mientras el Camarero rellenaba su copa vacía con una sonrisa torcida en sus labios. Rodé los ojos, hice un sonido de exasperación y chasqué la lengua… cambiando de tema… no estaba interesada en los ligues de mi chica emo así que me puse de pié soltando un – Voy a Bailar – y me mesclé con la masa de oscuros.
Casi me arrepentí de haber entrado a la orgía, manos pasaban por todas partes sin control y con el shock de ser tocada en lugares inimaginables me tomó algunos largos segundos darme cuenta de que las caricias eran solo una consecuencia de la falta de espacio, así que me decidí por bailar.
Bailando, bailar… El tragó consiguió que todo pareciera más divertido, caleidoscópico y Tenebroso al mismo tiempo, me felicité por no haber tomado más que una copa de Negranoche porque… bien, si esta era mi reacción con una, me asustaba lo que pasaría con más. El suelo se movió bajo mis pies, no figuradamente pero yo sentía como si eso ocurriera, como un gran temblor que derrumbara los resquicios de vida que había abandona hace ¿cuánto? ¿Veinticuatro horas?... sentí una punzada de malestar cuando el Dj se decidió a poner CooldTears una mezcla de violín, tecno y depresión compuesta por mí madre hace dos años… Ella había sido una mujer realmente talentosa…
Ana y el tipo de la barra se pusieron a mi lado en algún momento entre Mi lostLenoreyLegacy in blood. Terminamos bailando los tres en medio de la fiesta que se animaba por momentos y caía en la melancolía con cada elección  del DJ. Probablemente podría haber seguido bailando  todo el tiempo en medio de la pista soltando una que otra exclamación de aprobación por las canciones que se sucedían una tras otra., tras otra… Seguro lo hubiese hecho si el chico de la barra no me hubiese agarrada de la ropa y tirado de vuelta a nuestros asientos antes de que pudiera protestar.
Con jodida brutalidad y velocidad.
Ana y yo lo fulminamos con la mirada en el mismo instante en que volvimos a nuestros espacios en la barra. El tipo hizo una mueca y señaló la entrada de Macabro con la cabeza su cara se había puesto un poco pálida.
El guardia, gigante, aterrador puso un puño sobre el corazón e hizo una reverencia hasta que su frente casi choco con sus rodillas.
Vale, que fue eso.
Cinco tipos entraron en el Local justo en ese momento, ni siquiera parecieron percatarse de la prolongada reverencia que hacia el guardia… No, eso no era correcto, ni siquiera parecían percatarse de que había más gente que ellos dentro de los muros del Macabro.
Todos sin excepción, se quedaron mudos, solo la música parecía seguir con su ritmo impertinente, pero ahora sonaba demasiado alta y demasiado chillona. No genial como antes.
El grupo se componía de tres hombres y dos mujeres. Un alto y musculoso chico de ojos azules y cabello rubio  iba a la cabeza, con los ojos viendo más allá de lo visible, dando zancada tras zancada elegante con sus piernas cubiertas de negro. Los otros dos lo seguían también con sus vistas al frente y finalmente iban dos chicas, una con cabello rubio rojizo y la otra con bucles castaños que llegaban a su cadera.
Algo en el blanco lívido de sus rostros, o los extraños colores que tenían sus labios, o la forma en que se vestían todo negro sobre negro te hacia querer salir corriendo y esconderte… “Gente peligrosa”. Dijo mi voz interior alzando sus pensamientos en el silencio de mi contemplación.
La multitud se abrió para ellos dejándoles el paso libre hasta la última mesa en un rincón aparatado. Podría jurar que antes había estado llena de Punks pero ahora estaba desierta y tan pulcra como si nadie se hubiese sentado allí en todo el día. Cuando pasaron frente  a nosotros pude sentir como Ana y el Barman se encogían en sus lugares, pero yo no lo hice aunque la bruja protectora  interior gritaba “Danger, Danger…”
Otra parte me gruñía que no debía ser una cobarde. Había escapado de un asesino ¿no? ¿Qué podría ser peor que eso?
El que iba a la cabeza se giró levemente. El lapislázuli se clavó en mi rostro por una fracción de segundo, pero que me dejó congelada en el sitio.
Cuando ellos llegaron a su mesa la multitud dividida en dos se volvió una, y el ruido el desorden y la juerga comenzaron otra vez como si nada hubiese pasado.
Raro.
-          Wow, que fue eso Charlie – preguntó Ana al de la barra.
El abrió los ojos con incredulidad
-          ¿Son nuevas verdad? Si no sabes quienes son, tienen que ser nuevas…
La forma en como recalcó sus últimas palabras se ganó un fruncimiento de ceño
-          Lo somos ¿Y qué?–solté un poco más cortante de lo que pretendía.
Charlie me dedico una mirada irritada y se dirigió a Ana.
-          Ellos son parte de un grupo turbio, sombrío y extraño. Son parte del Club del ataúd, nadie sabe realmente que hacen peor los rumores son suficientes para hacer mear a cualquiera. Yo se los resumo en algunas palabras. Hacen tratos con los colmilleros–
Vi a Ana palidecer a mi lado. ¿Colmilleros? Otra vez esa palabra. La miré preguntando con los ojos pero ella me esquivó.
-          Tratos - Lo instó
-          Sí, Tratos con los “buenos” y asesinos despiadados sin rendimientos con los “malos” Todo el mundo les tiene miedo, hay algunos que viven toda su vida queriendo ser parte de sus filas pero ¡Joder! No sacan a sus miembros de los que quieres pertenecer al club sino de los que no tienen interés en serlo. Algunos los respetan como Freddy e incluso les hacen cultos– señaló al Guardia -  Nadie se mete con ellos si quiere vivir. Son la “realeza Gótica” para todos los que usen el negro, incluyendo a ustedes dos, Chicas nuevas-
-          Wow, los Sangre Negra ¿he? – Soltó Ana apuntando la copa. Charlie se la rellenó en seguida con manos temblorosas. Luego fue por la mía -
La tome y me llevé  a los labios girándome hacia la pista de baile.
Ellos tendrían algo que ver con la muerte de mi madre. ¿Emilie había hecho un trato con ellos?
-          El club del ataúd – murmuré buscando a través de la multitud que recobraba su ritmo alocado en la pista.
Mi mirada se estrelló con un rostro como el alabastro de ojos azules brillantes y una sonrisa siniestra tirando de las comisuras de los labios morados.
La copa estaba alzada frente a él, sus ojos clavados en mí como si hiciera  un brindis a la distancia. Tuve un golpe de miedo que me hizo apartar los ojos lejos de la mirada glacial masculina, con el corazón latiendo a toda marcha.
“El club del ataúd” repetí en mi interior estremeciéndome de miedo.



1 comentario:

  1. Me encanta tu historia y la manera en que la narras.
    Publica pronto me has dejado con la intriga.
    Que andes bien,nos leemos pronto.

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A.D.