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domingo, 27 de marzo de 2011

El club del ataúd

Capítulo 1

Martes 19 de Agosto.

Cuando entré en el salón principal de la casa supe enseguida que algo andaba mal, y esofue antes de darme cuenta del absoluto silencio que reinaba en la casa. No se oía a los criados charlando, ni limpiando ni haciendo sus quehaceres. No se oía el violín de mamá sonando en la sala de música en el tercer piso, dulce y afinado como siempre para recibirme, y definitivamente no se oía a mi padre hablando por teléfono sobre negocios.
Casi me arrepentí de haber llegado antes a casa, ¿pero uno no decide cuándo enfermarse? ¿Verdad? De todos modos no tenía por qué preocuparme, aun no ocurría nada, si ignorábamos la extraño y opresiva falta de ruido que no era para nada habitual o el creciente sentimiento de angustia que anidaba en mi pecho.
Tal vez todo era un efecto secundario de la fiebre alta y el dolor de estómago.
Sip, eso tenía que ser.
A pesar de ese pensamiento, me moví sigilosamente por la planta baja esquivando las preciosas columnas blancas griegas que adornaban, el comedor, el salón y el recibidor. Los cuadros, copias de VanGogh, Picasso y otros artistas talentosos, adornaban las paredes, enmarcados en hermosos cuadros de Nogal con incrustaciones de oro blanco. Mientras que los originales descansaban en la bóveda del bancode la ciudad.
Cuando llegué al pie de la escalera podría jurar que el retumbar de mi corazón se podía oír en toda la casa, así que tomé varias respiraciones profundas antes de ir al piso de arriba. ‘Solo por precaución’ me repetí.
Es solo por la fiebre, es solo por la fiebre…
La primera habitación a la derecha, la puerta de mis padres estaba abierta de par en par. Me agaché en el último escalón cuando vi que allí había alguien encorvado en la sesta de la ropa sucia con los pantalones y la camisa blanca que sostenía en sus manos empapados de sangre. No hice ningún maldito ruido aunque todo lo que deseaba hacer era gritar tan alto como me fuera posible.
La figura se enderezó repentinamente, dejando caer la ropa ensangrentada con el resto. Pude ver la cara de la persona volviéndose hacia la escalera como si supiera que lo estaban observando. Me aplasté contra la madera del peldaño para esconderme viendohorrorizada como los ojos de papá se clavaban en el lugar junto a mi escondite.
Sus iris eran rojos.
Él se movió más rápido de lo que podría ser real, como un borrón de gris que llegaba a la pared en la que terminaba la escalera. Su pálida mano arrancó el cuadro con el retrato de mí madre y lo partió por la mitad convirtiendo en un motón de astillas y lienzo rasgado.
Las lágrimas se deslizaban por su rostro, rodaban sin reparos, una tras otra…
Demian gritó. Era un grito lleno de dolor que retumbo en toda la casa, luego tan rápido como había aparecido, desapareció en el  tercer piso.
Si tuviera algo de sentido común, yo me habría ido a mi habitación, cerrado con llave y olvidar todo lo que vi. Pero yo no tenía sentido común. Entre por la puerta abierta del cuarto matrimonial con el jodido presentimiento de que algo muy malo estaba a punto de ocurrir. Pasé de largo la gran cama desecha y los floreros y objetos repartidos por el suelo mientras caminaba hacia el cuarto de baño, donde el sonido de agua cayendo era el único ruido que se oía.
La puerta estaba entreabierta. Solo la empujé un poco.
-      No… -
El agua estaba teñida de rojo y estaba cerca de rebalsarse de la bañera. Mi madre estaba en medio de todo ese líquido carmesí con los ojos blancos y la boca abierta en un grito mudo.
Su garganta estaba cortada.

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